Detrás de las cifras económicas existe una realidad silenciosa que miles de familias colombianas viven todos los días: el estrés financiero.
La preocupación constante por pagar las cuotas, cubrir los servicios públicos, cumplir con el arriendo, responder por los gastos del hogar o simplemente llegar al final del mes se ha convertido en una carga emocional que afecta especialmente a los hogares de estratos 1, 2, 3 y 4.
Desde la experiencia de Wasticredit, compañía especializada en microcréditos digitales, este fenómeno se ha vuelto cada vez más evidente en los últimos años.
“Hoy vemos personas que no están buscando crédito para comprar algo nuevo o cumplir un proyecto. Muchas veces lo solicitan porque necesitan reorganizar sus finanzas, cubrir gastos urgentes o evitar caer en mora. Detrás de cada solicitud hay una historia de preocupación, incertidumbre y presión económica”, asegura Pamela Hernández Erzisnik, CEO de Wasticredit.
La situación ocurre en un contexto donde el endeudamiento continúa siendo una realidad para millones de colombianos. Según el más reciente informe sobre perfil de endeudamiento de la firma Bravo, el 43,3 % de los ciudadanos mantiene entre tres y cinco obligaciones financieras activas (lo que equivale aproximadamente a cuatro de cada 10 colombianos), mientras que la deuda promedio alcanza los $34 millones. El estudio también advierte que la pérdida de empleo, la reducción de ingresos y el sobreendeudamiento continúan siendo algunas de las principales causas de incumplimiento financiero.
El impacto emocional de las deudas
Para los expertos, el problema ya no es únicamente financiero.
La incertidumbre económica está generando efectos emocionales cada vez más visibles: ansiedad, insomnio, tensión familiar, desgaste mental y sensación permanente de inestabilidad.
En muchos hogares, las conversaciones cotidianas giran alrededor de las cuentas por pagar, las cuotas pendientes y la preocupación por no contar con un respaldo económico frente a cualquier emergencia.
“Cuando una persona siente que trabaja todo el mes y aun así no logra ponerse al día, aparece una sensación de frustración muy fuerte. El estrés financiero termina afectando la tranquilidad, las relaciones familiares e incluso la salud emocional”, explica Hernández Erzisnik.
Según la ejecutiva, uno de los cambios más notorios es que las familias están adoptando una actitud más cautelosa frente al crédito.
“Estamos viendo consumidores más prudentes. Las personas analizan más cada gasto, posponen compras importantes y buscan alternativas que les permitan mantener liquidez. Hay una sensación generalizada de protección financiera porque existe incertidumbre sobre lo que pueda pasar con los ingresos en los próximos meses”, afirma.
La insolvencia aumenta y refleja la presión sobre la clase media
Otra señal de alerta proviene de los procesos de insolvencia. Datos del Ministerio de Justicia y del Derecho, analizados por la firma Insolvencia Colombia, muestran que los procesos de insolvencia de personas naturales crecieron 147 % durante el primer trimestre de 2026. Especialistas atribuyen este comportamiento al aumento del endeudamiento de los hogares, la informalidad laboral y las dificultades para mantener capacidad de pago estable.
Para Wasticredit, este comportamiento refleja una realidad que se percibe diariamente entre miles de colombianos de ingresos medios y bajos.
“Muchas familias sienten que cualquier imprevisto puede desestabilizar completamente sus finanzas. Una enfermedad, una reducción de ingresos o la pérdida de empleo pueden convertirse en el punto de quiebre para hogares que ya operan con presupuestos muy ajustados”, señala Hernández Erzisnik.
El nuevo objetivo de los hogares: sobrevivir financieramente
A diferencia de años anteriores, donde el crédito estaba asociado principalmente a consumo, educación o adquisición de bienes, hoy una parte importante de los hogares busca estabilidad y capacidad de maniobra.
La prioridad dejó de ser crecer financieramente para convertirse, en muchos casos, en mantener el equilibrio económico del hogar.
“Hay familias que ya no están pensando en cambiar de carro, remodelar la casa o hacer grandes compras. Su principal objetivo es conservar estabilidad, cumplir con sus obligaciones y tener la tranquilidad de que podrán responder ante cualquier emergencia”, concluye la CEO de Wasticredit.
En medio de un entorno marcado por la incertidumbre económica, el aumento del costo de vida y la volatilidad de los ingresos, el estrés financiero se está convirtiendo en uno de los fenómenos sociales más relevantes del país, impactando no solo los bolsillos de los colombianos, sino también su bienestar emocional y su calidad de vida.